viernes, 17 de abril de 2020

CULTURA Y OBJETO CULTURAL


Como ya venimos hablando, cultura, en su sentido más amplio, tiene un doble significado: por un lado es el “cultivo” de las capacidades humanas, y por el otro es el resultado del ejercicio de estas capacidades.  Es decir, que tenemos en primer lugar el proceso de producción de los objetos culturales y su transformación por el hombre, y en segundo lugar lo efectivamente creado por el hombre, es decir, los objetos culturales.  Los objetos culturales pueden ser materiales (edificios, esculturas, vestimenta) o inmateriales (creencias religiosas, tradiciones, códigos morales, ideas filosóficas, postulados científicos), pero, como todo objeto cultural, las distintas comunidades les asignan o les incorporan valores.  Estos valores, y el sentido que tienen para el hombre, son estudiados por la filosofía de la cultura.
La antropología (ciencia que estudia al hombre usando generalmente métodos comparativos) se puede dividir en antropología física (que analiza los cambios en la especie humana a través del tiempo y del espacio) y la antropología cultural (que estudia y compara las sociedades y las culturas).  La antropología cultural, para analizar las formas de difusión de las creencias, las instituciones y sus estructuras de poder, las relaciones familiares, los utensilios, los procedimientos y técnicas, y todos los aspectos que conforman una cultura, se nutre fundamentalmente de los datos que le brindan la antropología física, la etnografía (que observa en su hábitat y describe a los pueblos diferentes de los europeos que subsisten en la actualidad) y la arqueología (que estudia los restos culturales antiguos que sobrevivieron al paso de los siglos, como cerámicas, construcciones, objetos, a fin de reconstruir históricamente los modos de vida de los pueblos que ya no existen).
La antropología filosófica, que reflexiona sobre algunas cuestiones muy similares a las de la antropología cultural, tiende a centrarse en el problema de la naturaleza del hombre en el mundo.  A fin de determinar el tan amplio concepto de cultura, el filósofo de la ciencia Mario Bunge propuso tratar a la cultura como uno de los subsistemas de la sociedad, ya que las actividades culturales son actividades sociales llevadas a cabo por individuos, solos o en cooperación con otros.  De este modo, la cultura no incluye a la economía o a la política (que serían otros subsistemas de la sociedad), pero sí está integrada por el arte, la ideología, la tecnología, las humanidades, la ciencia, la matemática.  Cada uno de estos subsistemas es estudiado por distintos especialistas.

CAMBIO Y TRANSFORMACIÓN EN LA CULTURA

Una característica constante en toda cultura es el cambio.  En cualquier sociedad habrá quien quiera el cambio y quienes se resistan; las transformaciones serán un producto de ambas tendencias.  En general, las sociedades más aisladas, que han logrado un buen equilibrio con el ecosistema para tener un nivel de vida que consideran aceptable, son más resistentes al cambio.  En cambio, las que viven en ciudades donde el intercambio con otras comunidades es frecuente, y están más habituadas al trato con culturas diferentes, son más permeables a las novedades.
Estas innovaciones pueden tener más de un origen: pueden haber sido generadas dentro de la misma sociedad (por ejemplo, para resolver un problema como la ruptura del equilibrio ecológico, sequías, inundaciones, plagas, o por la aparición de inventos o descubrimientos, o en la búsqueda de soluciones a conflictos sociales, etc), o bien son producto del contacto con otros grupos o sociedades.
Los elementos culturales de una comunidad pueden originarse, entonces, en la misma comunidad, o ser ajenos, adquiridos por contacto o difusión.  Apropiarse de elementos foráneos no implica necesariamente dominación o dependencia de otra cultura: depende de la causa por la cual se incorporan, y quien tiene la decisión de la incorporación del cambio.  Los elementos apropiados por una comunidad pasan a integrar su propia cultura, junto con los elementos originales (por ejemplo, el violín o el acordeón en el litoral, o el arpa en Paraguay).  En cambio, cuando la decisión no es de la propia comunidad sino que es ajena, la cultura es impuesta.  En este caso, si la cultura es impuesta y no genera una respuesta creativa de la propia comunidad, se produce la pérdida cultural.
Cuando un pueblo llega a otros territorios por medio del comercio o de la conquista, puede tener varias actitudes con respecto a la diferencia cultural: aceptarla como válida para esa sociedad, despreciarla como inferior, o tratar de destruir las características culturales consideradas como negativas para el pueblo conquistador.
Si el descubrimiento se produce con respeto por el otro, con valoración de la cultura y sus habitantes, es probable que cada comunidad tome de la otra los elementos que le resulten útiles: se trata entonces de un encuentro que trae como consecuencia una transculturación, un intercambio de elementos culturales que transforme en cierta medida a ambas culturas.
Cuando una sociedad somete a otra, generalmente mediante la fuerza o la presión económica, trabaja fundamentalmente sobre su sistema ideológico a fin de minarlo, descalificándolo, para derrumbar sus pilares y poder imponer sobre ellos un nuevo sistema ideológico que acepte esa dominación.  Ese proceso se denomina deculturación.
Una vez dominado el pueblo, vaciado o descalificada su cultura, los conquistadores inician el proceso de aculturación.  De este modo, se imponen valores culturales que son presentados como único modelo válido en todas las esferas de la vida del individuo: se sustituye la cultura autóctona por la de los colonizadores, pero no en igualdad de oportunidades, ya que los dominados generalmente deben trabajar para los primeros.  Mediante la aculturación se confunden los factores de identificación de una cultura, y los miembros de esa comunidad llegan a aceptar su propia cultura como inferior a la impuesta.
Sin embargo, la deculturación nunca es completa; siempre permanecen rasgos culturales propios que resisten a la imposición, aun formando parte de una cultura enajenada.  A veces toman la forma de sincretismo cultural o religioso, mediante el cual persisten, disfrazados u ocultos bajo nuevas formas, elementos culturales o religiosos de profunda significación para el pueblo sometido.  Su reconocimiento es un instrumento indispensable para la lucha por la liberación de la nación subyugada.



TRANSCULTURACIÓN

La transculturación es un fenómeno que ocurre cuando un grupo social recibe y adopta las formas culturales que provienen de otro grupo. La comunidad, por lo tanto, termina sustituyendo en mayor o menor medida sus propias prácticas culturales.
El concepto fue desarrollado en el campo de la antropología. El antropólogo cubano Fernando Ortiz Fernández (18811969) es señalado como el responsable de acuñar la noción en el marco de sus estudios sobre el contacto cultural entre distintos grupos.
Además de todo lo expuesto tenemos que subrayar que este fenómeno de la transculturación se puede dividir en distintos tipos. Así, está la colonización, la inmigración, el renacimiento o la recepción a distancia.
Cualquiera de estas modalidades da lugar a que esa adopción de formas culturales se haga palpable en distintos ámbitos de la sociedad. De esta manera, lo más frecuente es que esos cambios sean apreciables de forma más palpable en el idioma, en la forma de vestir, en materia cultural o incluso a nivel profesional.
Un claro ejemplo de transculturación lo podemos ver en América a partir del descubrimiento que del continente realizó Cristóbal Colón en el año 1492. Con la colonización de estas tierras los habitantes de las mismas vieron como su patrimonio cultural daba un giro radical en muchos aspectos y quizás uno de los cambios que mejor muestra ese cambio es que la Iglesia Católica intentó imponerles sus creencias a toda costa.
Actualmente, los niveles de inmigración existentes y también la llamada globalización son los fenómenos que están permitiendo que crezcan de manera palpable los niveles de transculturación existentes.
El significado del término cambió a lo largo de los años, sobre todo respecto a su campo de acción. En un principio, la transculturación era entendida como un proceso que se desarrollaba de forma gradual hasta producirse la aculturación (cuando una cultura se impone a otra).
Aunque la transculturación puede desarrollarse sin conflicto, lo habitual es que el proceso genere enfrentamientos ya que la cultura receptora sufre la imposición de rasgos que, hasta entonces, le eran ajenos.
Poco a poco, la transculturación comenzó a utilizarse para describir los cambios culturales que se producen con el paso del tiempo. En este sentido, la transculturación no implica necesariamente un conflicto, sino que consiste en un fenómeno de enriquecimiento cultural.
Concretamente podemos establecer que el proceso de transculturación se divide en tres fases: la pérdida parcial de la cultura, la incorporación de lo que es la cultura externa y finalmente el esfuerzo de recomposición que es necesario acometer para que se produzca el equilibrio entre los elementos que han venido de fuera y los que sobreviven de lo que es la cultura originaria.
A nivel más general, puede decirse que la transculturación es la adaptación de los rasgos de una cultura ajena como propios. La transición se produce en diversas fases donde, inevitablemente, se pierden ciertos elementos de la cultura original. Algunos expertos notan que el conflicto se produce en la primera fase de la transculturación, cuando la cultura ajena comienza a imponerse sobre la originaria.



ACULTURACIÓN

Aculturación es el nombre que recibe un proceso que implica la recepción y asimilación de elementos culturales de un grupo humano por parte de otro. De esta forma, un pueblo adquiere una filosofía tradicional diferente a la suya o incorpora determinados aspectos de la cultura descubierta, usualmente en detrimento de las propias bases culturales. La colonización suele ser la causa externa de aculturación más común.
En este sentido, y partiendo de dicha premisa podemos subrayar como ejemplo el momento histórico del descubrimiento de América por parte de Cristóbal Colón. Y es que dicha acción dio lugar a que los indígenas de las mencionadas zonas descubiertas se vieran en la obligación y en la necesidad de llevar a cabo un proceso de aculturación. Así, entre otras cosas, tuvieron que ir asimilando las creencias religiosas cristianas de España.
Una nación esta que siglos atrás se encontró en la posición de los citados americanos y es que, cuando se produjo la llegada del Imperio Romano a la Península Ibérica dicha tierra, sus ciudadanos, no tuvo más opción que ir haciendo suyas determinadas tradiciones, formas de funcionamiento de la sociedad o creencias que pertenecían a aquel.
Pero los casos similares a estos que se han producido a lo largo de la historia de la humanidad son muchos y variados. Entre los mismos también puede resaltarse que los aborígenes africanos durante el siglo XIX se vieron sometidos a un proceso de aculturación, tanto en cuanto a valores religiosos como a costumbres o a la lengua, por culpa de los diversos movimientos colonizadores a los que se vieron sometidos.
Los procesos de aculturación poseen distintos grados de supervivencia, dominación, resistencia, destrucción, modificación y adaptación de las culturas nativas una vez producido el acercamiento intercultural. Este procedimiento contempla la interiorización, la valoración y la identificación de los valores culturales.
La aculturación puede llevarse a cabo por la influencia de una corriente ideológica sistemática, consistente y que se mantiene en el tiempo, aunque en casos más simples termina imponiéndose la cultura por el peso que posee la mayoría respecto a otra filosofía cultural.
Hay especialistas que diferencian entre la aculturación de un individuo (denominada como transculturación) y de un grupo humano. El concepto también ha generado debate en las comunidades actuales de perfil multicultural, en la cual los descendientes de inmigrantes son estimulados a adoptar una cultura dominante aunque se los llama además a aprender sobre la cultura familiar.
Otras nociones relacionadas con la aculturación son el sincretismo (un sistema filosófico integrado por elementos que nacen de la unión y la conciliación de doctrinas distintas), la enculturación (el proceso mediante el cual una cultura establecida se enseña a una persona con la repetición sus normas y valores aceptados) y la comunicación intercultural (analizada por diferentes disciplinas, como la antropología, la psicología y las ciencias de la comunicación social).
En este sentido, y antes de finalizar la definición del concepto que nos ocupa, hay que subrayar que precisamente dentro de la citada Antropología fue donde apareció por primera vez la palabra aculturación. Más concretamente lo hizo en el año 1880 de mano de figuras importantes en esta área como Boas, Margaret Mead o McGee.



DECULTURACIÓN

El diccionario de la Real Academia Española (RAE) no incluye el término deculturación. La noción alude al proceso que provoca la pérdida de la identidad cultural de un individuo mientras se adapta a otra cultura distinta.
La deculturación, por lo tanto, se desarrolla cuando un sujeto o una comunidad van perdiendo sus características culturales de manera paulatina en el marco de su adaptación a una cultura diferente. El concepto en ocasiones se confunde con otros similares, como aculturación o enculturación.
Se denomina aculturación a la incorporación a la propia cultura de elementos provenientes de otra. La enculturación, por su parte, supone la transmisión de caracteres culturales de una cultura a otra. En el caso de deculturación, en cambio, una cultura es dejada de lado para la adopción de una distinta.
Para que algunos de estos procesos puedan llevarse a cabo, se necesita que dos o más culturas estén en contacto durante un periodo extenso. Cada cultura tiene una determinada estructura y ciertas “zonas” donde, por sus características, la fusión o la asimilación se desarrollan con mayor facilidad.
Lo habitual es que haya una cultura dominante que se imponga sobre la otra haciendo uso de diversos mecanismos. Supongamos que dos ciudades limítrofes, pertenecientes a distintos países, están en permanente contacto más allá de la frontera que marca la separación de cada nación. En una de ellas, de mayor poderío económico, se habla inglés; en la otra, castellano. En la ciudad donde se habla castellano, sin embargo, de a poco comienzan a utilizarse términos en inglés debido a la influencia de los medios de comunicación y de los productos de la otra. Los habitantes, por otra parte, adoptan costumbres y tradiciones de sus vecinos, abandonando las propias. Puede decirse que en la ciudad latina, por lo tanto, se lleva a cabo un proceso de deculturación.
La globalización es uno de los fenómenos que se considera que más está apostando tanto por la deculturación como por la aculturación y por la enculturación. Precisamente un claro ejemplo de esto en relación al primer término que nos ocupa es que cada vez más en España y en países de América del Sur se está dejando de lado una tradición como es la celebración del Día de los Difuntos.
En concreto, lo que está sucediendo es que las generaciones más jóvenes no lo festejan como se venía haciendo desde hace muchas décadas. Ahora aquellas lo que hacen es conmemorar tal fecha con una fiesta que nada tiene que ver con la costumbre de sus respectivos países. Y es que optan por decantarse por Halloween, lo que les lleva simplemente a disfrazarse y a acudir a algún evento para pasarlo en grande con comida y bebida.
Sin embargo, estas costumbres se siguen manteniendo gracias a multitud de personas que siguen honrando a sus difuntos llevándoles flores al cementerio y no bailando en una discoteca disfrazadas de cualquier personaje de terror.
Además de todo lo indicado, no podemos pasar por alto el hecho de que, en la mayoría de las ocasiones, la deculturación se produce como consecuencia de una prohibición o incluso de una imposición.
Ejemplos de ese fenómeno que nos ocupan son, como hemos conocido a lo largo de la historia, desde sustituir la lengua que se venía utilizando por otra hasta modificar por completo las maneras de alimentarse e incluso de vestir.



INTERCULTURALIDAD


El concepto de interculturalidad apunta a describir la interacción entre dos o más culturas de un modo horizontal y sinérgico. Esto supone que ninguno de los conjuntos se encuentra por encima de otro, una condición que favorece la integración y la convivencia armónica de todos los individuos.
Cabe resaltar que este tipo de relaciones interculturales supone el respeto hacia la diversidad; aunque es inevitable el desarrollo de conflictos, éstos se resuelven a través del respeto, el diálogo y la concertación.
Pese a que la idea de interculturalidad nació hace relativamente poco, no fueron pocos los investigadores de la comunicación, la antropología, la sociología y el marketing que han trabajado sobre el concepto. La noción se diferencia del multiculturalismo y del pluralismo por su intención directa de promover el diálogo y el acercamiento entre culturas.
Hay que tener en cuenta que la interculturalidad depende de múltiples factores, como las distintas concepciones de cultura, los obstáculos comunicativos, la carencia de políticas estatales, las jerarquías sociales y las diferencias económicas. Además de acuerdo a la perspectiva con la que sea observada puede entenderse de una u otra forma. Por ejemplo si se analiza el concepto desde la ética podemos descubrir que la forma en la que ésta se involucra en el enraizamiento de los valores sociales es a través de la promoción del respeto de la diversidad, donde cada persona tiene derecho a ser como desea y el mismo paradigma vale para los colectivos. La ética intenta inculcar valores afines para construir sociedades democráticas, integradas y donde la armonía sea protagonista de la interacción social.
comunidades, ya que a través del intercambio de una cultura variada pueden conseguirse beneficios extensos para los individuos y los grupos que conforman dicha comunidad.

Por otro lado, si el análisis lo realizamos desde cada individuo podemos decir que tener una forma de vivir donde la interculturalidad y la integración sean baluartes indiscutibles, las posibilidades que se abrirán ante nuestros ojos serán más variadas, permitiremos entrar en contacto con personas absolutamente diferentes a nosotros sin por ello contradecir nuestra propia identidad y pudiendo enriquecernos ampliamente.
Existen muchas formas de promover la interculturalidad en una sociedad. En primer lugar el trabajo reside en las familias, donde los niños deben criarse libremente, sin imponerles ideas o conocimientos estrictos, sino inspirándolos a pensar y perder el miedo a aquello que es diferente. En segundo lugar en las comunidades deben desarrollarse proyectos que busquen eliminar de forma progresiva los prejuicios y aquellas preconcepciones en torno a ciertos individuos o grupos. Por último, la integración debe promoverse desde los más altos cargos, permitiendo que cualquier ciudadano acceda a lo mismos derechos sin anteponer a la esencia del ser, sus capacidades, tendencias de cualquier tipo o su lugar de origen.
Es necesario aclarar otras formas en las que puede entenderse el concepto. La interculturalidad interpersonal, sucede cuando individuos de distintas culturas entran en contacto directo a partir de algún medio electrónico, como Internet, la radio o la televisión.
Además, el análisis del enfoque intercultural siempre consta de tres etapas: la negociación (la simbiosis que se requiere para lograr la comprensión y evitar la confrontación), la penetración (salir del propio lugar para tomar el punto de vista del otro) y la descentralización (una perspectiva de reflexión).
Por último, cabe mencionar que para que la interculturalidad sea efectiva es necesario que se cumplan tres actitudes básicas, como la visión dinámica de las culturas, el convencimiento de que los vínculos cercanos sólo son posibles por medio de la comunicación y la conformación de una amplia ciudadanía donde exista la igualdad de derechos.

ACTIVIDAD

1) Exlicar qué son los Objetos Culturales
2) ¿Qué importancia tienen los cambios en la transformación de la cultura?
3) ¿Cuándo un "elemento cultural" es apropiado y cuándo impuesto?
4) A partir de lo leído, explicar con tus palabras los conceptos de:

a) Transculturación
b) Aculturación
c) Deculturación
d) Interculturalidad

5) ¿Por qué crees que puede ser importante entender y practicar la interculturalidad?

viernes, 27 de marzo de 2020

LA CULTURA


La palabra cultura proviene de la latina cultus, que significa “cultivo”.  Si analizamos la historia humana, podemos ver la importancia fundamental que tuvo la aparición del cultivo en la vida del hombre: en la gran mayoría de los casos, fue el comienzo  de su sedentarización.  Al estar más tiempo en un solo lugar, sin tener que desplegar tanta energía en la búsqueda de alimento, el hombre pudo desarrollar mucho más sus capacidades humanas y utilizarlas en pensar cómo vivir mejor o más plenamente.  Es por ello que, en las culturas que están más en contacto con la naturaleza, el culto a la tierra (Pachamama) o a la fertilidad es fundamental.


Desde que el hombre se asentó en un espacio y lo sintió propio, comenzó a reflexionar sobre sí mismo y esa reflexión lo llevó a la búsqueda de trascendencia, la memoria, la capacidad de explicar, actividades que lo diferencia de otros animales.  Estos pensamientos se transmiten, se discuten, se analizan, se conocen, se aceptan o se rechazan, pasan a formar parte del “mundo”, del modo de ser de los hombres.  Los hombres y las mujeres son tales en cuento pueden pensar, decidir, hacer, crear, realizarse en la sociedad que habitan.
La suma de acciones humanas dentro de una comunidad va construyendo un modo de vida, que se llama cultura, y que está constituida por todo lo que el hombre hace, ya sea material, espiritual o mental.  En la medida en que los hombres intentan resolver sus necesidades, con soluciones prácticas o a través de respuestas intelectuales, o quieren transmitir sus sentimientos, su cosmovisión o sus creencias religiosas, van creando elementos que se acumulan a lo largo del tiempo y conforman históricamente su patrimonio cultural.
La cultura es el conjunto complejo de conocimientos, creencias, arte, valores, derecho, costumbres y tradiciones que genera y/o adopta un pueblo, y lo transmite a sus integrantes.  Es el fruto de tomar conciencia de lo que hace.  No hablamos solamente de lo bello, lo intelectual o lo científico, sino también de todos los aspectos materiales y organizativos de las sociedades humanas, en cada punto del planeta.

Hay muchísimas definiciones de cultura.  Una de las más completas, a nuestro criterio, es la de un grupo de antropólogos argentinos, entre ellos Carutti y Garreta: ““La cultura se trata de una forma integral de vida creada histórica y socialmente por una comunidad, de acuerdo con la forma particular en que se resuelvan o entablen las relaciones con la naturaleza, las de los integrantes en su seno, las relaciones con otras comunidades y con el ámbito de lo sobrenatural, a fin de dar continuidad y sentido a la totalidad de su existencia, mediante una tradición que sustenta su identidad”.
Las comunidades, al buscar soluciones para satisfacer sus necesidades, forjan su propia cultura.  Cuando una sociedad es homogénea, es decir, cuando no hay grandes diferencias sociales entre sus miembros, se comparte una misma cultura.  En la medida en que esta sociedad se va estratificando, y existe un grupo o clase social que domina al otro y se apropia de los saberes o dispone, por la división de tareas, de mayor tiempo para adquirir más conocimientos o producir más bienes culturales, se va abriendo una brecha cultural.  Otro grupo, el dominado, se ve imposibilitado de disfrutar de las producciones culturales más sofisticadas.  Ambos grupos viven la realidad de un modo distinto, y van creando pautas diferentes: se originan, así, la cultura letrada y la cultura popular.
La palabra cultura comienza a utilizarse en el Renacimiento europeo para mencionar con ella la formación intelectual de los sectores dominantes: la formación en las artes, las técnicas, la filosofía, el comercio, la guerra, la diplomacia, las finanzas; en fin, el manejo del poder.  Se refiere, en este sentido, a la cultura letrada, propia de un sector de la sociedad.  Los que no tienen ese refinamiento del gusto (en cuanto a las artes, a los modales, a la vestimenta, etc) característico de ese círculo o esa élite, son considerados incultos por ese sector.


Como las clases dominantes no sólo se apropian de los bienes y de los conocimientos que consideran válidos sino también del vocabulario, del uso de la palabra, vulgarmente se califica como culta a la persona que es erudita, es decir, que tiene muchos conocimientos gracias a la lectura, investigación o desarrollo de las artes, ciencias o filosofía.  Sin embargo, al utilizar de este modo al vocablo cultura, estamos hablando solamente de un aspecto: de la cultura letrada o de élite, de las “formas valoradas” de la cultura.
Como su nombre lo indica, cultura popular es la cultura propia de un pueblo (que no significa que todos sus elementos culturales sean propios, sino que algunos o muchos pueden ser ajenos, pero de los cuales se ha apropiado) que resiste a las imposiciones de las minorías dirigentes y que determina la continuidad histórica de esa sociedad.  Un ejemplo sería la cura del empacho y del mal de ojo, que se difunde de generación en generación, pese a su acientificismo.  Muchas veces, en forma callada, esos conocimientos son traspasados también a las élites dirigentes, a través de los ancianos o de las niñeras.
Por contraposición a la cultura letrada, la cultura popular es la distintiva de los grupos o clases sociales marginados en diferentes formas de los bienes de producción.  Se trata de la cultura de las clases subalternas, de los de abajo, elaborada con pocos medios técnicos, y cuya característica fundamental es ser solidaria, porque sus productores y consumidores son los mismos individuos: la crean y la utilizan.  Se transmite, generalmente, por tradición oral, ejercitando la memoria y manteniendo un profundo respeto hacia los conocimientos de los ancianos, que son los que más vivieron y más cosas pueden recordar.  Si bien actualmente mucha gente sabe leer y escribir, se produce la estratificación entre los que saben o no leer, los que manejan la escritura con el criterio de la cultura letrada, y los que tienen los medios o el acceso a la impresión de sus obras.  De este modo, la mayoría de las obras impresas de este rubro por el mercado editorial (no nos referimos a ediciones independientes de tirada limitada o literatura underground) son sobre cultura popular y no se la cultura popular.

La cultura popular, según el escritor Eduardo Galeano, está constituida por un complejo sistema de símbolos de identidad que el pueblo preserva y crea.
El antropólogo Adolfo Columbres afirma que la cultura popular, más que una síntesis es una suma, porque “en todo el país encontramos no una, sino varias culturas populares, cada una con su perfil propio”: las culturas étnicas, las distintas culturas mestizas regionales, las culturas populares urbanas, las de la migración campesina, las de la inmigración, y las de tipo neoafricano (muy fuertes en Brasil y Haití)
Existen, de este modo, al menos dos conceptos de cultura popular: uno, que la circunscribe a las clases bajas y a los grupos marginados, y otra, más amplia, que incluye en ésta a las creaciones del pueblo en general, siempre en contraposición al concepto de cultura elitista o letrada.
El folklore es la disciplina que, dentro del campo de las ciencias sociales-antropológicas, se ocupa de la cultura popular.  El folklore en sentido estricto está constituido por los usos, costumbres, bailes, ceremonias, creencias, romances, refranes, etc, de los tiempos antiguos, sobrevivientes en el pueblo.  Al estar vigente, va cambiando, adquiriendo nuevos rasgos; generalmente es anónima, y se la transmite por vía oral.  Es la base de lo tradicional, y está geográficamente localizado en la región cuyos habitantes conservan ese legado.  En un sentido más amplio, también se incluye en el folklore la creación colectiva oral y anónima reciente, y la creación popular individual, escrita o registrada por cualquier medio, que se nutra de las tradiciones y las continúe.  Muchas veces se lo tiende a confundir con la proyección folklórica, que está constituida por las expresiones creadas en base a lo folklórico, con carácter artístico o comercial.  Hay una tendencia en ciertos grupos “tradicionalistas” de la burguesía a tomar el folklore en un sentido superficial, meramente pintoresco, y legitiman como “folklóricas” sólo algunas expresiones, por las cuales el folklore se convierte en un instrumento reaccionario, anulando el sentido de protesta que subyace en las auténticas tradiciones.  Sin embargo, esta apropiación es incorrecta: el folklore es uno de los elementos que forman parte de nuestra identidad cultural y es integrante de nuestro patrimonio cultural exclusivo.
Muchas veces, por la cantidad de gente que la adopta, vulgarmente se confunde a la cultura de masas con la cultura popular.  Sin embargo, la diferencia es de fondo: la cultura popular está generada por el propio pueblo, tiene un ida y vuelta con los productores y los que la usufructúan.  En cambio, la cultura de masas es reproducida y difundida por los grandes centros económicos y de poder: puede cooptar o copiar a grupos o creaciones populares repitiendo el modelo hasta el hartazgo, tomar música pegadizas, libretos que conmuevan el corazón, o simplemente que sean adoptados por una mayoría por su difusión reiterada en los medios masivos de comunicación.  Su característica fundamental es que es producida por las industrias culturales: periódicos, revistas, televisión, radio, libros, fotografías, cine, recitales, obras teatrales, etc, con una tendencia homogeneizadora.  Estos productos comerciales massmediáticos no pueden llamarse cultura popular.

En este sentido la industria cultural transforma el “acto cultural” en “valor de cambio”, es decir, en mercancía, en objeto que se puede vender y comprar, degradando la cultura al estandarizarla y convertirla en un producto más de la sociedad capitalista.  Sin embargo, no en todos los casos la producción y difusión de la cultura por estos medios persigue fines de lucro: puede haber intereses políticos (por ejemplo, para la propagación de la cultura oficial), ideológicos o simplemente valores estéticos que requieren de la industria cultural para ser conocidos por el resto de la sociedad.
Son muchos los autores que se ocuparon de reflexionar sobre la cultura, por lo cual sería bueno conocer algunos:
Alfred G. Smith, nos hace descubrir la cultura como aquello que vivimos todos los días.  “Vivir, es en gran medida, una cuestión de comunicación.  El marido besa a su mujer, el cliente mira la etiqueta del precio, el alumno levanta la mano, la niñita sonríe.  Todos se comunican.  La gente se comunica de la mañana a la noche, sobre todo en el mundo moderno, donde la mayor parte de la gente se gana la vida comunicándose…
En la sociedad moderna, gente diferente se comunica de diferentes maneras, como lo hace la gente de distintas sociedades en todo el mundo.  Y la manera como la gente se comunica es la manera como vive.  Es su cultura.  `¿Quién habla con quién? ¿Cómo? ¿Acerca de qué?  Estas son preguntas que conciernen a la comunicación y a la cultura”
James Lull, su definición de cultura es similar a la de Smith, pero agrega un nuevo elemento: los cambios y las transformaciones en la vida de la cultura.  “La cultura es una compleja y dinámica ecología de personas, cosas, cosmovisiones, actividades y escenarios que fundamentalmente permanece estable, pero que también va cambiando en virtud de la comunicación de rutina y la interacción social.  La cultura es un contexto.  Es el modo que tenemos de hablar y de vestirnos, es lo que comemos y cómo lo preparamos, son los dioses que inventamos y los modos en que los veneramos, la forma en que repartimos el tiempo y el espacio, cómo bailamos, los valores que les inculcamos a nuestros hijos y todos los demás detalles que conforman nuestra vida cotidiana.  Esta perspectiva de cultura implica que ninguna cultura es inherentemente superior a otra y que la riqueza cultural en modo alguno deriva de la posición económica”.

Néstor García Canclini, nos introduce en otro aspecto de la vida cultural.  No sólo mira aquello que vivimos cotidianamente, su aporte tiene en cuenta los aspectos económicos, políticos y sociales.  “¿Quién se preocupa por la cultura cuando los salarios pierden 100 por ciento de su poder adquisitivo y la gente se desespera por llegar a fin de mes?  Esta crítica podría tener al menos la eficacia de la sensatez “común” si al hablar de cultura nos referimos sólo a las bellas artes, a los libros, a los conciertos.  Nos ocuparemos de eso, pero también del modo en que la gente come y piensa, se viste e imagina, arregla su casa y hace política, habla y se calla: en suma, lo que hace a un pueblo vivir de una forma que le da identidad y lo distingue.  Hablamos de cultura como el conjunto de fenómenos que contribuyen, mediante la representación o reelaboración simbólica de las estructuras materiales, a comprender, reproducir o transformar el sistema social”.


ACTIVIDAD:

1. Luego de la lectura, elabora con tus palabras una definición de cultura.
2. Explica qué es y qué caracteríticas tiene la cultura popular.
3. ¿Cómo está compuesta la cultura letrada?
4. ¿Cuál es el rasgo fundamental de la cultura de masas?
5. Explica las relaciones entre cultura popular, cultura letrada y cultura de masas.
6. ¿A qué se denomina folklore?
7. ¿Qué significa que la cultura se transforma en "valor de cambio"?
8. Toma las tres definiciones de cultura (Smith, Llul y Canclini) y explica con tus palabras qué aportes realiza cada autor a la reflexión sobre la cultura.
9. Explica la relación entre cultura y cultivo y cómo podemos verlo actualmente.
10. ¿Por qué fue importante el sedentarismo para el desarrollo de la cultura?
11. ¿Cómo se origina la estratificación de la cultura?

lunes, 16 de marzo de 2020

COMUNICACIÓN Y CULTURAS DEL CONSUMO Y SU ENSEÑANZA EN LA ESCUELA SECUNDARIA:


Cuando se habla de comunicación en el siglo XXI de inmediato surge la figura predominante de los medios de comunicación, y como elemento sustancial la información, el entretenimiento y el espectáculo.  Pero está atravesada por -y atraviesa a- todos los planos de la vida humana: lo social, lo ideológico, lo cultural y sin duda, lo económico. No puede entenderse nuestro tiempo sin dar cuenta de los factores económicos que lo condicionan y lo contextualizan, y esencialmente sin comprender que estamos inmersos en una nueva etapa del sistema económico capitalista, una etapa que dejó atrás el modelo de acumulación basado en la producción industrial para pasar a un proceso de acumulación signado por los servicios avanzados y la comercialización de experiencias, un capitalismo que se desmaterializa, un capitalismo cultural.

La comunicación no está ajena al comportamiento de esta sociedad presente, como corriente transversal que ocupa todos los espacios de nuestra contemporaneidad, la comunicación también se expresa desde la economía, no solo porque la industria cultural tiene sentido en tanto objetivo comercial, sino porque el sistema económico de nuestro siglo está asentado y sustentado por una profunda corriente comunicativa. El marketing y la publicidad son expresiones comunicativas en un mundo destinado a actores económicos que ya no son controlables y pasivos, por el contrario, mujeres y hombres activos e informados, que cuando actúan en el ámbito del mercado lo hacen desde lo emocional, desde el consumo de experiencias, desde la búsqueda de significado en los bienes.  El especialista catalán, Joan Costa, resume la importancia de la comunicación de las organizaciones en una frase: “la comunicación es más fuerte que la acción”.1 Con este concepto intenta indicar que toda conducta ejercida por una organización solamente entra en acción, toma sentido real, adquiere sustancia, una vez que es comunicada. Dentro de este flujo comunicacional que surge de las organizaciones el marketing y la publicidad ocupan un rol esencial en una sociedad en la que el consumo se ha convertido en factor cultural central de nuestro tiempo, signado por la “democratización de los deseos”2, donde no se tiene solo como objetivo la adquisición de lo estrictamente necesario ya que “lo superfluo se ha convertido en una aspiración de masas legítima”.3

Por esa razón García Canclini reflexiona en que aún entendiendo el consumo, como lo hace Pierre Bourdieu, como un lugar de diferenciación y distinción entre clases y grupos, aún así estamos frente a la necesidad de que toda la sociedad tenga una clara conciencia sobre el sentido de los bienes, ya que sin esa conciencia social general no habría posibilidades de que el consumo ejerciera una fuerza diferenciadora entre sectores. De aquí se continúa la idea de que a través del consumo “se construye parte de la racionalidad integrativa y comunicativa de una sociedad”.4  Por esa razón esas industrias culturales que impulsan el fenómeno comunicativo “son por completo industrias de la moda, y sus vectores estratégicos son la renovación acelerada y la diversificación", viendo en la moda un proceso en el que se manifiesta la “aspiración de la autonomía privada”.5  Concebir el consumo como un acto de carácter irracional, compulsivo e inútil es un lugar común, una simplificación similar a entender a los medios de comunicación como omnipotentes marcadores de conducta sobre mujeres y hombres. 6  El consumo ni siquiera se trata ya de un fenómeno refugiado en determinados y minoritarios sectores sociales sino que su cultura penetra en todos los espacios sociales, desreguladamente, sin obligaciones de pertenencia, desinstitucionalizada. Como afirma García Canclini “no toda forma de consumo es interiorización de valores de otras clases.

El consumo puede y habla en los sectores populares de sus justas aspiraciones a una vida mas digna. No toda busca de ascenso social es arribismo”.7  Finalmente “el consumo no es sólo reproducción de fuerzas, sino también producción de sentidos”.8 Si lo que se comercializa no son productos sino experiencias, las personas no adquieren productos por lo que tienen de bueno en sí sino por lo que tienen de significación, a la lógica del valor de cambio y al valor de uso le sigue la del valorsigno.9  Por lo tanto la vida económica de nuestra sociedad se cruza claramente con el fenómeno comunicacional, las cosas ya no se venden por lo que tienen de mejor, eso ya no es suficiente, se requiere ahora de la innovación comunicativa que lleve a integrar sentido a las cosas, significado, espíritu, un símbolo: se trata de la presencia protagónica de una publicidad y un marketing creativo, “la comunicación tiene que tener la forma del espectáculo”.10  El consumo es un espacio de diferenciación, pero también un espacio de encuentro y comunicación. Hechos sociales cotidianos como salir a comer, concurrir a un cine o ir de compras son prácticas de consumo vinculadas con la sociabilidad, tanto para incluidos como para excluidos, “consumir es intercambiar significados”.11  De acuerdo a nuestros consumos nos mostramos, nuestra identidad se manifiesta por signos externos que se insertan en bienes físicos, y cuyo valor realmente está dado en esa significación particular que adquiere la cosa para unos y otros. Nuestros consumos informan sobre nosotros, nos expresan.  García Canclini entiende que todo consumo es un acto cultural, por lo tanto llamar “consumo cultural” solamente a la adquisición de este tipo de bienes es una formulación cuanto menos parcial.  En este camino en que el consumo ocupa un lugar sustancial la comunicación juega su parte: la publicidad, el marketing, la comunicación de las empresas, de las instituciones, de las organizaciones en definitiva, es el espacio en el que la expresión comunicacional entra en vinculación con este trascendente fenómeno cultural.  Resumiendo, la presencia de Comunicación y Cultura de Consumo en la Orientación tiene su fundamento en diversos aspectos:  Primero, por el carácter vigente y poderoso de la cultura de consumo en la que las nuevas generaciones nacen y se desarrollan. Conocer las particularidades de esa construcción de sentido cultural que es el consumo, permite poner en acto una situación histórico-social que se supone natural.  Segundo, amplía el abanico de actividades profesionales ofrecidas al conocimiento de las y los jóvenes interesados en el fenómeno comunicativo, que no se resume simplemente en la actividad periodística. Actualmente los departamentos de comunicación de empresas e instituciones constituyen un capital intangible de enorme valor para su funcionamiento, siendo su función articular comunicación interna e imagen externa, tanto en la organización pública como civil o comercial.  Tercero, la comunicación de las organizaciones, el marketing y la publicidad son actividades de amplio rango creativo, destinadas a generar identidades, gestar imágenes, establecer códigos, transmitir reputaciones y asumir responsabilidades en la sociedad.

El estudio de la comunicación y la publicidad tienen su espacio en la orientación y en la formación de las y los jóvenes en la seguridad de que cumple con el objetivo de brindarle herramientas de análisis suficientes para la interpretación de un fenómeno que vincula a los actos comunicativos con algunos de los hechos culturales más llamativos de nuestro tiempo, y en íntima relación con las posibilidades comunicacionales que se multiplican a nuestro alrededor y caracterizan a las sociedades contemporáneas.

1 Costa, Joan, La Comunicación es más Fuerte que la Acción. En .doc comunicación. Revista
Interamericana para la Innovación de las Comunicaciones N° 1. 2002.
2 Lipovetsky, G. Roux, E. El Lujo Eterno. Barcelona, Anagrama, 2004
3 Lipovetsky, G. Roux, E. Ibidem
4 García Canclini. Ibidem
5 Lipovetsky, Gilles, El Imperio de lo Efímero. Barcelona, Anagrama, 1994.
6 García Canclini, Néstor. El Consumo sirve para Pensar. Diálogos de la Comunicación N° 30,1991.
7 Martin-Barbero, Jesús. De los Medios a las Mediaciones. Barcelona, Gili, 1989
8 Martín-Barbero, Jesús, Ibidem
9 Baudrillard, Jean, Crítica de la Economía Política del Signo. México, Siglo XXI, 1987.
10 Lipovetsky, Gilles, La Filosofía del Consumo. Entrevista en Diario Clarín. Buenos Aires,22/08/04
11 García Cancilini, Néstor, Los Estudios sobre Comunicación y Consumo: El trabajointerdisciplinario en tiempos neoconservadores. Diálogos de la Comunicación N° 32, 1992.


ACTIVIDADES:



1- Lectura integral del texto.
2- Marcar el vocabulario desconocido y buscarlos en un diccionario.
3- Redacta las ideas principales luego de la lectura.
4- RESPONDER:
     a- ¿Cuál es la importancia de los Medios de Comunicación en la sociedad del Siglo XXI?
     b- ¿Por qué se señala que hombres y mujeres actúan desde lo emocional en el ámbito del mercado?
     c- ¿Cómo entiende el consumo Pierre Bordieu? ¿Podemos hoy entenderlo así? ¿Por qué?
     d- ¿Por qué podemos afirmar que "el consumo es producción de sentidos"?
5- INVESTIGA QUIENES SON:
     a- Nestor García Canclini
     b- Pierre Bordieu
     c- Jesús Martín-Barbero
     d- Gilles Lipovetsky